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sábado, 16 de mayo de 2026

Tradwife, ¿el conservadurismo no pasa de moda?

La esposa obediente, buena cocinera, cándida, dispuesta a complacer a su hombre, pugna por ser tan vigente como la 5G...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 16/05/2026
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Tradwifes
Millones de mujeres y hombres dedican horas a ver videos desde los que se les dice que el lugar de la mujer es el hogar. Foto: Getty Images

Una ve contenido en redes sociales, lee opiniones, estudia artículos y se dice, más de una vez, algún que otro refrán de la abuela –que siempre funcionan– “en la viña del señor tiene que haber de todo, “vive y deja vivir” … pero ciertas tendencias implican hablar de ellas, analizarlas, sobre todo si ponen en tela de juicio conquistas que han implicado mucha lucha.

Para saber qué son las tradwife, y por qué espantan a muchas mujeres, basta con preguntarle a la Wikipedia: “Una tradwife (un neologismo para esposa tradicional o ama de casa tradicional) es una mujer que cree en los matrimonios tradicionales y los roles de género y los practica. Algunas pueden optar por asumir un papel de ama de casa dentro de su matrimonio, y otras se centran exclusivamente en satisfacer las necesidades de su familia en el hogar”.

Pareciera hasta inofensivo. Pero hay más. Ellas, las tradwife, han ganado un protagonismo increíble en redes como TikTok, Instagram y Youtube; se caracterizan por su apariencia impoluta, la cantidad enorme de comida compleja que cocinan, la perenne sonrisa en el rostro, y la afirmación continua de que todo lo hacen para tener cómodos a sus esposos, que son los encargados de mantener el hogar y merecen ese tratamiento de reyes.

Quizá uno de los casos más llevados y traídos sea el de RoRo en España, una jovencísima española, quien –si bien no comparte toda la estética de las tradwife que proliferan en Estados Unidos o Canadá– hace de todo para su novio Pablo, desde platillos de alta cocina hasta libros encuadernados a mano. Y agradece si él y sus amigos le dejan algo para ella probar (así como lo leen).

Queda claro, para quien analiza las redes con perspectiva crítica, que estas señoras son en su mayoría personajes: monetizan en redes o tienen otra fuente de ingresos y por tanto no son mantenidas; no andan todo el día en tacones, ni conservan siempre esas vocecitas aniñadas (porque sí, hay que hablar dulce y bajo, a los esposos les gusta eso).

¿Entonces cuál es el peligro? Los espejismos, por supuesto. Millones de mujeres y hombres dedican horas a ver videos desde los que se les dice que el lugar de la mujer es el hogar, que está bien renunciar a una carrera y un salario para complacer al esposo; y que una verdadera esposa debe estar siempre arreglada, sonriente y nunca gritar. Además de que en sus universos no caben las diversidades de ningún tipo.

Que un solo miembro de la familia trabaje y lo que gane alcance para toda la familia suele ser un privilegio primermundista; y, además, las mujeres necesitan independencia económica, realización personal y profesional. La que desee ser ama de casa –un trabajo bastante duro, dicho sea de paso– tiene todo el derecho a hacerlo, pero debería quedar claro qué respaldo económico tendrán ella y sus hijos de ocurrir un divorcio, qué espacios de ocio disfrutará, qué tareas asumirá el hombre.

Como comenta María Nazarena Otero Chaves, en el artículo Tradwives: ¿Crisis del feminismo?, publicado por la Universidad de Barcelona, «estos valores se relacionan estrechamente con creencias biologicistas, asegurando que las mujeres y los hombres, por sus diferencias biológicas, deben cumplir roles diferentes, asociados, en el caso de las mujeres, a los cuidados, las tareas domésticas y a la maternidad. Estas creencias pueden ser peligrosas, ya que alimentan roles de género dañinos». 

Asimismo, cuestiona la estetización de los valores tradicionales que propulsa este movimiento, al asociarlos a una vida feliz y bella, sin peligros o contracaras: «las imágenes, cuidadosamente seleccionadas, y las narrativas idealizadas crean una representación glamorosa de la domesticidad tradicional: mujeres siempre arregladas con vestidos floreados, recetas apetitosas, maridos que las llevan de compras y rubios niños sonrientes correteando por una sala de estar. Es bien sabido que las redes sociales no suelen mostrar las escenas mundanas de la vida cotidiana, mucho menos las poco agradables. De todas formas, al pensarlo, suena irreal que madres de varios hijos cocinen desde cero todo, mientras sus casas se ven impolutas y ellas recién salidas de la peluquería, por más que no trabajen formalmente, el trabajo doméstico igualmente implica un arduo esfuerzo sostenido a lo largo del día».

¿Cómo pedir corresponsabilidad en el hogar y conciliación en la sociedad, si hay mujeres tan lindas que están felices todo el día en la cocina? ¿Cómo va a ser una locura cuestionar el derecho al voto, el aborto seguro, la planificación familiar, si hay esposas diciendo que todo lo que necesitan es un hombre –bien hombre– que las cuide y piense por ellas?

El conservadurismo asoma su oreja peluda, y el antifeminismo (que suele esconder la misoginia y el machismo) se frota las manos.

Habrá quien diga que no es para hacerles caso, que ya pasará como cualquier otra tendencia. Y puede que así sea, pero los comentarios en esas publicaciones que van desde “yo lo que quiero es un hombre que me mantenga” hasta “es verdad que calladitas se ven más bonitas” alertan sobre la necesidad de mantener en la palestra pública un debate tan sereno como constante y profundo sobre la equidad de género. Eso sí no pasa de moda.


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Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


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