Una temporada en el Teatro Nacional de Cuba reúne al ballet, la creación contemporánea y la tradición afrocubana. Más allá de las celebraciones, el encuentro invita a mirar el cuerpo como memoria: un lugar donde la cultura se conserva precisamente porque no deja de moverse.
Durante ocho días, la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba será mucho más que un escenario: será punto de encuentro para la creación y la energía de una danza que sigue renovándose sin perder sus raíces.
Hay memorias que no caben en un archivo. Necesitan un cuerpo, una respiración, el instante en que alguien se desprende del suelo y otro reconoce, desde una butaca, algo que también le pertenece. La danza trabaja con esa materia difícil de retener: sucede, desaparece y, sin embargo, permanece.
Desde esa perspectiva puede leerse la temporada que reúne, del 20 al 28 de octubre, al Ballet Nacional de Cuba, Danza Contemporánea de Cuba y el Conjunto Folklórico Nacional en.un programa concebido para celebrar fechas esenciales de la vida cultural del país. El calendario incluye el cincuentenario del Ministerio de Cultura, el aniversario 81 de la Organización de Naciones Unidas, el Día de la Hispanidad y los 78 años de la primera función del actual Ballet Nacional de Cuba.
La convivencia de estas agrupaciones propone una conversación más amplia sobre las maneras de expresar, transmitir y renovar una cultura.
El rigor del ballet, las búsquedas de la creación contemporánea y la fuerza de la tradición afrocubana no necesitan parecerse para fusionarse en un mismo espacio.. su encuentro permite pensar la identidad como elemento que transcurre culturalmente.
La gala de apertura, celebrada el Día de la Cultura Nacional, ofreció una imagen de esa diversidad. Una suite de Don Quijote, interpretada por el Ballet Nacional de Cuba bajo la dirección general de Viengsay Valdés, compartió programa con fragmentos de Katharsis Morphé, de George Céspedes, y pasajes del Ciclo Yorubá del Conjunto Folklórico Nacional dedicados a Yemayá y Shangó. Más que una enumeración de repertorios, esa reunión permite leer distintas relaciones del cuerpo con la disciplina, la invención y la memoria.
El regreso de Giselle, los días 24 y 25, en la versión de Alicia Alonso, invita precisamente a esa lectura. Su lugar en la identidad del Ballet Nacional de Cuba convierte cada reposición en algo más que la recuperación de un título emblemático. Puede ser también una pregunta sobre la vigencia del repertorio: qué descubre una nueva generación dentro de una obra heredada y qué reconoce en ella un público que ha cambiado.
Hay, además, una circunstancia que da otra resonancia a estas funciones. Según el documento de presentación de la temporada, este año no podrá realizarse el Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso. Sin equiparar ambas citas, la reunión en el Teatro Nacional adquiere así un valor particular como espacio de encuentro entre compañías, repertorios y espectadores.
El cierre, el miércoles 28, llegará con La magia de la danza, una propuesta antológica que enlaza momentos esenciales del ballet del siglo XIX con el final de Sinfonía de Gottschalk, creación coreográfica de Alicia Alonso; prolongará ese diálogo entre legado y presente, puede entenderse, entonces, no solo como una mirada hacia lo ya creado, sino como la oportunidad de preguntarse qué hacemos hoy con esa herencia.
Quizás ahí resida lo más significativo de esta temporada: en recordar que el patrimonio escénico no vive únicamente en los nombres ilustres ni en los aniversarios. Vive en el trabajo de quienes vuelven a ensayar, en la transmisión de un gesto y en la atención de quien lo recibe. Antes de convertirse en celebración, la danza necesita ese encuentro. Y cuando lo consigue, un escenario deja de ser solamente el lugar donde se exhibe una cultura: se vuelve el sitio donde esa cultura continúa haciéndose.
Las entradas se venden en la taquilla del Teatro Nacional de Cuba, de 1:00 p. m. a 6:00 p. m. Las funciones comenzarán a las 7:00 p. m., salvo la del domingo, prevista para las 5:00 p.m
- Consulte además: Cuando el ballet se defiende desde la pasión (+FOTOS)

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