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martes, 15 de septiembre de 2026

Descuidos al vapor

El amor lo puede todo… y si hay carbón, hay perdón...

Mileyda Menéndez Dávila
en Exclusivo 15/09/2026
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Intimidades
Dominar la tecnología: he ahí el reto (Jorge Sánchez Armas / Cubahora)

¿Cómo sabes que un hombre te ama?, pregunta una joven en el triciclo que acabo de abordar. La amiga responde con un lacónico “No sé”, sin despegar los ojos del teléfono. Me encantaría meter la cuchareta, pero me bajo rápido, así que me limito a observarlas.

Un hombre apurruñado al fondo del vehículo tiene menos aguante: “Ponlo a prueba. Haz algo que no le guste, confiesa algo que te salió mal… Menos engañarlo con otro, haz cualquier cosa que lo desafíe”.

Las muchachas y yo lo miramos con desconfianza, pero su cara dice que habla en serio. Otro hombre que ni había notado detrás de un gran jabuco, lo confirma: “Mi mujer es experta en meterse en problemas. No es adrede, yo sé, pero igual me saca del paso con sus disparates. Así llevamos media vida. La última fue hace una semana, cuando…”.

Muy a mi pesar, aviso al chofer para bajarme. No escuchar hasta el final es pesaísimo, pero llevo fuera casi todo el día, mi mamá aún no almuerza y no he cargado los equipos. No puedo caer en la tentación chismográfica.

Además, estoy empapada del moño a las botas y con esta ropa ligera y pegajosa es como caminar desnuda medio pueblo. Si Jorge estuviera aquí, ¿eso contaría como ponerlo a prueba?

Llego, me cambio, me cuelo en la cocina y mami advierte: hay olor a gas. La certeza de haber dejado abierta una hornilla por seis horas me provoca un escalofrío paralizante. ¡Ocho meses ahorrándolo para caer en esta pifia!

Imagino la cara del gordo y vuelvo a estremecerme. ¿Se lo cuento…? ¡Ni loca! Prefiero confesar una infidelidad que admitir las desastrosas consecuencias de no tener presente mi lateralidad cruzada al usar su eficiente fogón moderno.

Recuerdo al hombre del triciclo y confirmo: Jojo me ama. ¡Mira que mi despiste con izquierda y derecha lo ha metido en apuros! ¿Y mi insuperable don para quemar lo que cocino? ¿Y el infalible hábito de dejar la comida destapada, a riesgo de que la gata se despache…?

Sí, no hay dudas: mi marido me adora. Él puede refunfuñar, pero sin mis desastres culinarios seguro que se aburre ahora mismo en Santa Clara.

Con el ego apaciguado, miro al patio para refrescar, y una nueva escena de terror me paraliza: ¡Olvidé tapar mi nuevo puesto de cocción! ¡Ay, mi juguete nuevo! ¿De verdad lo olvidé? No puedo culpar a nadie más porque ese es mi encargo exclusivo: mi mamá ni lo mira, y las manos que nos dan de comer con sus dibujitos están vetadas para esa labor.

Salgo disparada a calcular pérdidas. Para mi alivio, el sistema de tapas funcionó bien, y a pesar del aguacero fortísimo, el nuevo oro negro de la familia cubana está seco e intacto. Sin pudor, beso la hornilla centenaria (original de esta casona), estratégicamente colocada dentro de una olla de semipresión que compró Jorge hace dos años y resultó un fiasco: linda por fuera, puro óxido por dentro.

¡Ah, mira! Él también toma malas decisiones. Tal vez si le digo que su cocina tiene un sistema de cerrado ambiguo… Deja, deja: por ese camino no llegaré muy lejos. La disculpa más sincera es no tocar sus tarecos y perfeccionar el encendido del carbón para montar futuros desayunos y almuerzos.

¿Qué tal si adapto la cocinita de alcohol y aprovecho los pedacitos de carbón más pequeños? Mientras miro alrededor en busca de más ideas reciclables, descubro la bomba de agua que olvidé a la interperie. ¡Pero bueeeenoooo!!!!

Calma, calma: esa la compraste tú y la instalaste tú; no habrá peleas. Además, es hermética, no pasa nada. Recógela y que tu ahijado haga una casetica para cuidarla. Respira…

Vuelve a mi mente la escena del triciclo: ¿Qué historia terrorífica habrá contado el señor? ¿Será que su mujer me supera como imán de problemas? ¿De verdad es tolerante y comprensivo porque la quiere?

Caigo en cuenta que el jolongo sobre sus rodillas estaba muy tiznado y sus manos contaban una historia de chamuscados que mi marido ignora. ¡Qué alivio! Ya sé por dónde bajearlo…

¡Jojo, yoteailovouuuuuuu mucho, mucho, mucho!!! Si el amor nos alimenta, a quién le importa el combustible gaseoso, ¿verdad?


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Mileyda Menéndez Dávila

Fiel defensora del sexo con sentido...


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