No es que se están portando mal esos muchachos, es que se expresan de un modo extraño y diferente al común comportamiento humano: algunos anteponen a la cara, el rostro de un animal; puede ser un perro, un gato, un lobo, y otra lista de la fauna salvaje.
Ahora mismo, por la pantalla del celular, aparecen dos jóvenes con disfraces y colas de animales, en una pelea de ladridos; a su alrededor, la turba curiosa y llena de morbo, observa y graba la escena, todo ocurre en una calle del Uruguay.
Al taxi se sube una muchacha, con rostro de animal gatuno, y se identifica como therian; ella insiste, el taxista cree que alguien se ha escapado de un hospital siquiátrico y termina por bajarla del auto.
Otros, no se forran con atuendos que representen el linaje de otro animal, pero sienten en el interior, el llamado de la selva. Pero, ¿qué son los therians?
La palabra Therians, provienen directamente del griego antiguo y significa “bestia salvaje”, a menudo se usaba con una connotación de peligro o fuerza primitiva, en contraste con la palabra “ Zoon” que era el animal doméstico o el ser vivo en general y que dio lugar a la palabra zoológico.
El término moderno Therianthrope, sería “hombre- bestia”, pero la comunidad acortó a Therian para enfatizar el acto de pertenecer a otro animal sin dejar de ser humano. Por tanto, un Therian es, etimológicamente, alguien que se identifica con una bestia salvaje.
Se trata entonces, de una persona que se empareja, espiritual, psicológica, o filosóficamente con un animal no humano. No hablamos de alguien que sea fanático a los animales, o que le gusta disfrazarse, sino que siente una identidad interna, ¿y profunda?
Me parece ver a una abuela asomarse por la ventana ante las escena de dos therians peleando con ladridos, y exclamar: “¡Y esto qué cosas es, a dónde fue a parar la humanidad!”
Es que estamos ante otro asunto, que no es ya, el baile de máscaras, en los salones en los tiempos de Julio Verne.
El fenómeno ha ganado en visibilidad recientemente, por su aparición en redes digitales, y que han permitido que jóvenes se encuentren entre sí, compartan sus experiencias y creen comunidad.
Por otra parte, la adolescencia, es etapa de autodescubrimiento, sin olvidar, que lo que pudo comenzar como un juego o una moda, termina por convertirse en algo que resuene a un nivel más profundo.
En ese punto, llegan preguntas filosóficas inquietantes: ¿Estamos, aún sin saberlo, ante el regreso de la memoria de la tribu y el tótem como guía espiritual? ¿Es la expresión de un vaciamiento existencial del hombre? ¿Una forma en la que se hace visible la enajenación?
¿Hay tiempo para detenerse en las preguntas? El Therian moderno, es una versión individualista y descontextualizada de aquellos días en que había “Hijos del Leopardo” dentro de la tribu. Pero ahora la identidad animal es una exploración interna y personal, a menudo solitaria, en una sociedad que ya no tiene rituales de iniciación ni chamanes.
Tal vez nos encontramos ante un síntoma de la sociedad líquida y digital. Los jóvenes, al sentirse desconectados de una sociedad que les parece artificial, crean una sociedad alternativa como refugio, una huida del mundo humano. ¿Sentirse animal es una forma de conectarse con algo real, instintivo, y puro? ¿O estamos ante una profunda crisis de la subjetividad humana?
Por otra parte, cuando veo al joven que se confirma como Therian, se pelea a ladridos en medio de la calle, o sube al taxi con una identidad que asusta al taxista, viene a mi mente la tesis del ensayista venezolano Mariano Picón Salas, quien decía que dentro del hombre, hay un lobo que aúlla.
¿Un Therian puede exponer el fondo de la sombra humana, ese aullido que si se desboca es la guerra y la muerte, y la maldad humana, un dedo en el gatillo para liquidar toda esperanza?
Antes de grabar la escena y desfile de ladridos o conductas, hay que detenerse a preguntar. Solo el hombre tiene el don de la pregunta sobre el misterio de la vida en la inmensidad de una universo lleno de estrellas.
En Atenas antigua, Diógenes, en pleno día, con una lámpara buscaba seres humanos; hoy, algunos prefieren apagar el destello de la vieja lámpara, como si perdieran el fuego de la casa del hombre.
Ahora, desde el centro de la sala, corre Lucas, con sus ojos saltones, mueve la cola, y sin la palabra ni la voz, sin otra máscara que su antigua estirpe, me pide una caricia, como un niño juguetón, con el hambre de los abrazos.
- Consulte además: De un criminal y los therians
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