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jueves, 10 de septiembre de 2026

El maligno Bloqueo, más allá de nombrarlo

No es mero argumento retórico, sino una política genocida, que castiga y hiere a todo un pueblo…   

José Ángel Téllez Villalón en Exclusivo 10/09/2026
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Las medidas derivadas del bloqueo de EE. UU. contra Cuba afectan significativamente la calidad de vida de la población
Las medidas derivadas del bloqueo de EE. UU. contra Cuba afectan significativamente la calidad de vida de la población

El Bloqueo lo golpea todo, machaca y aboya los diversos despliegues de nuestra cotidianidad. Interrumpe e intoxica, el descanso y los sueños, el calendario y los planes, la normal reproducción de nuestra existencia. Cada apretón de tuerca, funciona como un ruido que entrampa y desordena, hasta el saber del cuerpo y el inconsciente, las habituales pulsaciones de la vida del cubano, el fluir de sus deseos y sus expectativas. 

El castigo colectivo que se aplica contra nuestro pacífico pueblo, el viejo plan del más voraz de los imperios de demoler y asfixiar este hormiguero de abejas y grillos, para apagar esta llama irredenta, se recrudece en su maldad y en sus impactos. Molesta como una piedra en todos los zapatos, hiere como una ampolla en cada marcha, hacia la escuela, el trabajo, la consulta del médico y hacia la casa lejana de mi vieja. 

Con reacciones no siempre rebeldes, a veces se tornan reaccionarias. A ciertos compatriotas los escucho negar la existencia del Bloqueo, constreñirlo a mera “muela” o justificación del Gobierno. Un comportamiento no solo relacionable a la intoxicación mediática, a la campaña comunicacional que contra nuestras instituciones y contra nuestra alternativa socialista de desarrollo se implementan.  

Hay mucho más que eso, y nos toca, no solo informarlos y explicarles, sino también explicarnos por qué se desconectan de nuestros canales de información y de influencia. Hay cuestiones más profundas, antropológicas y culturales, que el tecno-fascismo explota. Y que nosotros no podemos dejar de considerar en pos de una estrategia comunicacional más efectiva y movilizadora 

Como la neurociencias nos muestran, cada uno de nuestros órganos de los sentidos es portador de una doble capacidad: cortical y subcortical. Pensamos y deseamos sobre esa dualidad.

La primera corresponde a la percepción, nos permite aprehender el mundo en sus formas para luego proyectar sobre ellas las representaciones de las que disponemos, para atribuirle sentidos y comprenderlo. Esta capacidad, asociada al tiempo, a la historia del sujeto y del lenguaje, ha sido la favorecida por la educación en las sociedades occidentalizadas. Con ella se nos acostumbra a la ubicación y estabilización del mundo exterior; a seguir estereotipos y a andar por el mapa “sugerido”, con sus representaciones y su estructura de responsabilidades, con un orden y determinadas jerarquías. De tal modo que podamos movernos en un escenario conocido: aquí el jardín y la civilización, allá la jungla y la barbarie.  

La segunda capacidad, la subcortical, nos permite aprehender el mundo como un “campo de fuerzas que nos afectan y se hacen presentes en nuestros cuerpos bajo las formas de sensaciones”. Con tal ejercicio, según Suely Rolnik, “el otro” resulta una presencia viva, un “cuerpo vibrátil”, parte de nosotros mismos. El colonialismo histórico acosaba y cercenaba esta capacidad, como lo hace ahora, con mayor sutileza y alcance, el tecnopoder imperial. Con sus políticas de subjetivación, no solo congelan los afectos, nuestra capacidad de vibrar y resonar en/con los demás seres humanos y en/con la naturaleza. También la capacidad de crear otros mundos posibles, otras alternativas para dar un jonrón, estado en 3 y 2, frente a un pitcher supersónico y un árbitro mercenario, comprado o atemorizado por el enemigo.

Capturamos un tema, significamos un fenómeno, según nuestra visión y conocimiento, por la manera en que entendemos la historia, la personal y la de la nación, según los requisitos de singularidad con que marcamos cada momento como distinto y establecemos una base para la inteligibilidad, de relacionar cada alumbrón y caída del SEN con cada paquete semanal de sanciones desde el poder imperial. Para distinguir, con cabeza propia, entre el castigador y el castigado, el verdadero compañero y el verificable enemigo.

Como homo sapiens vivimos incrustados por el paso del tiempo. Nuestros juicios están marcados por un matriz de complejidad resonante que comprenden “ciclos” y “flechas”. Una u otra metáfora se constituye en marcos de significación, modos distintos de relacionar los datos y los acontecimientos, de explicarnos nuestros problemas, de pensar y posicionarnos. Para algunos, 60 años son más que suficiente, para otros demasiado poco. Según se empeñen en su “Revolución permanente”, a la condenen al declive, le adjudique fecha de caducidad o un carácter anómalo, inviable. Unos se quejan con que “ya esto no hay quien lo arregle” y otros confían en que “siempre hemos vivido tiempos difíciles y hemos salido adelante”. 

La mayoría de los pueblos se han aferrado a la noción del tiempo como “ciclo”, ya a una permanencia invariable o estructura inmanente, “arquetipo y repetición-, o ya a ciclos recurrentes de acontecimientos separables que se repiten de modo preciso. Si la humanidad arcaica se defendía como podía de todo lo que se comportaba como nuevo e irreversible, esta tendencia aún persiste. En contraste, la concepción fidelista de Revolución, con su “sentido del momento histórico”, y su “cambiar lo que deba ser cambiado”, corre en el marco de la “flecha del tiempo”. Trasciende la vieja visión de una cadena de acontecimientos únicos entre dos puntos fijos de creación y terminación; por su idea de progreso aunque no de unicidad, pues tanto el sentido como la dirección pueden doblarse. Fidel siempre venció, con rejuegos tácticos, a veces de retardo y retroceso, más sin poner en riesgos los fines estratégicos. 

Y para vencer, que se ha de ser connotado como evolucionar, debemos de rescatar los términos con que nombramos lo (bio)político. Volverlos más nuestros, del cubano de a pie, como significantes densos, capaces de movilizar afectos, articular identidades comunitarias y legitimar nuestros proyectos de transformación social. Salvar a nuestros negacionistas del Bloqueo, salvando para ello al propio término del “desgaste semántico” en que ha caído. Limpiarlo de toda “paja” y “afinarlo” a la flecha de Fidel, con un significado compartido y generador de consensos. Renovar su potencial crítico no solo culpabilizador, su capacidad de movilizar, más que para justificar lo detenido o incumplido. 

Sabemos, que los algoritmos de las redes digitales favorecen las mentiras, que se prefieren las simplificaciones y resulta más cómodo contener el mundo en un eje dicotómico. El mito o el cuento corto, se sienten más dulces y se tragan mejor. Se busca una luz en fondo del túnel, un paisaje de sombras que nos brinde ilusiones, aunque las “certezas” del polo más dañino y el mayor mentiroso, el nombre del máximo responsable de nuestras desgracias, abracen con un manto de falacias, o nos mezan con nanas engañosas.

Y el Bloqueo no es una política simple, ni un acto único, es un engendro maquivélico. Un entramado jurídico complejo, construido a lo largo de más de seis décadas. Una “arroz con mango” de leyes del Congreso, decretos presidenciales, regulaciones administrativas y decisiones judiciales. Para comprenderlo de manera clara y convincente, es necesario desmontar sus capas, identificar sus pilares y explicar cómo cada uno de ellos contribuye al objetivo más general y perverso: la asfixia económica, tumbar el Socialismo y apoderarse de Cuba. Como hay que colocarlo dentro de una cartografía mayor, de dimensiones geopolíticas y un tiempo más profundo, donde hay trazas más nítidas y otras que no se ven.

De modo, que la re-significación del término exige, por un lado, precisión jurídica. Facilitar cada link de esta madeja del mal: La Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las Cuban Assets Control Regulations, la inclusión en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, la orden ejecutiva 14380… Cada una tiene un texto, una historia y un impacto verificable, con postergaciones, heridas y baches, identificables en cada contexto. 

Recuperar su sentido, implica recordar sus orígenes, documentar su evolución y transmitir a los jóvenes la experiencia acumulada de resistencia. También rellenarlo con todos sus sentidos, históricos, éticos y afectivos además de los legales; con sus impactos brutales, con ejemplos cercanos y detallados de su extraterritorialidad, de persecución financiera y criminalización de la solidaridad.

El problema no es solo que nos sintamos atraídos por las simplificaciones, por divisiones de dos sobre un mundo complejo, sino que se naturalicen las dicotomías engañosas o anacrónicas, sobre las verdaderas y realmente actuantes en las disputas políticas. Considerándolas como modelos para organizar el pensamiento, socialicemos otras reconfortantes y portadoras de esperanzas, para expandir el marco del debate, de cómo llegar más rápido y sanos a una Cuba mejor, más culta y próspera, más soberana y justa.

Desglosemos los millones que nos cuesta el Bloqueo, por municipio y por barrios. Inundemos con tales datos, cada bodega, farmacias y panaderías, como hacemos para el proceso eleccionario de nuestros delegados y diputados. Narremos, con nombres y apellidos esta guerra genocida contra cada familia; en cada circunscripción hay un paciente esperando para ser operado quirúrgicamente, un negocio privado impactado por la falta de corriente o combustible, niños y jóvenes que camina, kilómetros para llegar a su escuela. 

Que se sienta y asiente en cada cabeza nuestra que la malignidad de la política de bloqueo contra Cuba no es mero argumento retórico sino experiencia cotidiana; una realidad, por demás, documentada por organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos. Connotarla desde bien acá, que es devolverle a cada afectado la capacidad de entender su propia historia, de identificar las causas y los culpables de su sufrimiento, de distinguir entre lo que se impone desde fuera y lo que puede ser transformado desde la creatividad y voluntad de cada cuerpo y comunidad.


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José Ángel Téllez Villalón

Periodista cultural


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