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domingo, 11 de enero de 2026

Frente a un dilema de época

Lo que está en juego no es solo Venezuela. Lo que se disputa es la idea misma de soberanía regional en el siglo XXI...

Redacción Cubahora en Exclusivo 10/01/2026
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Estados Unidos desestima la Proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz.
Estados Unidos desestima la Proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz.

Estados Unidos en su agresión contra Venezuela en la madrugada del 3 de enero de 2026 consumó el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa, la primera combatiente Cilia Flores. El acto criminal cobró la vida de al menos cien personas, entre venezolanos y cubanos, y echó por tierra las convenciones del Derecho Internacional, en tanto constituye un grave atentado contra la soberanía y autodeterminación de los pueblos. 

Según Matías Caciabue, analista del portal informativo Nodal, los hechos permiten ver más allá: “Lo que está en juego no es solo Venezuela. Lo que se disputa es la idea misma de soberanía regional en el siglo XXI, en un contexto marcado por una nueva fase del capitalismo y por una revolución tecnológica profunda que ha extendido, densificado y sofisticado las fronteras del poder”. 

“La acción contra el gobierno venezolano, planificada durante meses según reconstrucciones periodísticas y fuentes oficiales estadounidenses, instala un precedente de enorme gravedad: un “cambio de régimen” ejecutado sin siquiera el pudor de la coartada multilateral y con el control del petróleo venezolano como telón de fondo explícito. No se trata de un exceso ni de un desvío, sino de una decisión estratégica que reordena el tablero regional”, agrega en un exaustivo análisis.

Sobre el tema, Caciabue resume algunas lecciones urgentes:

Primera lección: el progresismo cobarde sale caro. Carísimo. Porque cuando se duda frente a los golpes imperialistas, lo único que se habilita es el golpe siguiente. Lo ocurrido en Venezuela -una acción de captura-extracción con ataque militar, justificada en nombre del “narcoterrorismo” y de una supuesta “transición segura”- marca un quiebre histórico: el imperialismo rompió definitivamente el libreto del dominio político bajo retórica demoliberal inaugurado en tiempos de Jimmy Carter en los años ochenta. Ese consenso tutelado, presentado como civilizado, nunca fue otra cosa que un mecanismo para vaciar de contenido social y económico a las democracias de la región.

Segunda lección: el golpe sobre Maduro decreta el fin de América Latina como Zona de Paz. No porque la región haya estado exenta de violencia, sino porque se habilita algo cualitativamente distinto: la normalización de la agresión directa como instrumento de “gobierno hemisférico”. Se abre una etapa probablemente muy oscura, y el paralelo histórico que se impone por su función disciplinadora continental es 1973: la caída de Salvador Allende como mensaje para toda la región y como punto de partida del Plan Cóndor. Hoy el mensaje es brutalmente claro: si no alcanza el bloqueo económico, habrá guerra.

Tercera lección: todo esto es posible por la avanzada neofascista en América Latina y a escala mundial. El movimiento Alt-Right, la Red Atlas y la plataforma CPAC exhiben hoy una capacidad de articulación difícil de frenar. Cuentan, además, con una ventaja algorítmica que no es otra cosa que la expresión tecnológica de su organicidad, como la fracción políticamente dominante, al gran capital de origen angloamericano.

Cuarta lección: Creemos que la idea de que “Trump NO TIENE el control político, militar ni territorial en Venezuela” termina cayendo en un simplismo peligroso (Rivara, 3/01/2026). Reconocemos el punto desde el cual se formula ese argumento y el sentido crítico que lo anima, pero una acción militar de la envergadura de la vivida indica que no sólo Venezuela, sino el conjunto de la región, ha ingresado en un tiempo de disputa territorial descarnada. Si todo territorio es, en última instancia, un espacio apropiado por relaciones de poder, ¿qué significa, en términos estratégicos, la captura-extracción de un Jefe de Estado? Es cierto que el balance de fuerzas dentro del trumpismo hoy no habilita a que la militarización del Mar Caribe derive en un desembarco militar terrestre. Más cierto aún, y con una mayor centralidad, es que las fuerzas sociales, políticas y armadas bolivarianas no se han doblegado y han exhibido siempre una enorme capacidad de resistencia. De conjunto, resulta difícil proyectar un Vietnam a menos de 2.000 kilómetros de las costas estadounidenses. Sin embargo, el umbral guerrerista que implica disputar el control del territorio venezolano ya ha sido cruzado.

Quinta lección: el vacío intelectual y la cobardía política se pagan con sangre. En nuestras filas sobran roscas y falta pensamiento estratégico. Sobran cálculos cortos y falta coraje para nombrar al enemigo. En amplios segmentos del progresismo regional persisten burocratismos que confunden gobernabilidad con silencio y pragmatismo con capitulación. No logran ver que, desde la pandemia en adelante, el llamado “centro político” ha muerto y que las operaciones psicológicas a gran escala constituyen hoy la dimensión central de los escenarios de guerra multidimensional.

Sexta lección: la defensa de Venezuela no es un acto de fe chavista, es una decisión de supervivencia regional. Porque lo que hoy se ensaya contra Caracas se habilita mañana contra cualquier gobierno, cualquier experiencia popular y cualquier intento de soberanía material. El problema nunca fue Maduro como individuo. El problema es el precedente. Y frente al precedente, la neutralidad no existe: o se lo enfrenta, o se lo padece.


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