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viernes, 23 de enero de 2026

Tiro libre directo a la pantalla (+Infografía)

La evolución del balompié en la televisión cubana...

Adrian Ordoñez Díaz en Exclusivo 16/01/2026
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Imagen generada con IA.
Imagen generada con IA.

En patios, parques, potreros,
entre impresionantes vistas,
ahora crecen futbolistas
en lugar de peloteros.
Defensores, delanteros,
centrales y guardametas.
Los bebés sueltan las tetas
y patean biberones.
Las farolas son balones.
¿La Champions league? Nuevas metas.

                                                                                               Alexis Díaz Pimienta 

Según me contaba mi padre –y creo que nunca me ha mentido– en sus años más mozos era muy difícil poder ver a alguien en la calle vistiendo camisas de fútbol. La verdad me cuesta creerle porque yo mismo tengo tres e incluso observo como se popularizan hasta las de baloncesto –NBA por supuesto, nunca he visto a nadie vestir del Unicaja español– y me cuestiono. ¿Qué sucedió?
A pesar de haber tenido una presencia histórica en todo el archipiélago cubano, que incluye una participación en la Copa del Mundo de 1938, el fútbol ocupó un papel secundario en la Cuba posrevolucionaria. Es evidente que el ascenso del béisbol como el referente simbólico nacional frenó cualquier crecimiento del balompié.
Relegado a una posición inferior en la mirada deportiva y en la asignación de recursos, el deporte de la esférica quedó fuera del imaginario colectivo oficial. Su desarrollo fue prácticamente nulo en comparación con la infraestructura y el apoyo institucional dedicados a otros deportes, lo que lo mantuvo en un estado de latencia durante décadas.
Los medios de comunicación actuaron como ese interruptor que alteró el equilibrio deportivo en el país. La evolución desde la radio y la prensa hasta el impacto hegemónico de la televisión y el posterior acelerón digital, reconfiguró por completo las preferencias y los hábitos de consumo de la audiencia. Cada formato, a su manera, contribuyó a sembrar y cultivar un interés por el fútbol que finalmente evolucionara en un fenómeno de masas.
Incluso antes del auge televisivo, la radio y la prensa escrita jugaron un papel inicial en mantener viva la llama del fútbol. En lugares con una tradición arraigada, como el poblado de Zulueta, conocido como "la cuna del fútbol" en Cuba, los aficionados se congregaban para escuchar partidos de ligas extranjeras a través de la radio exterior. 
A su vez, el rol de la televisión fue transformador, convirtiéndose en el principal motor del auge. La transmisión constante y sistemática de las principales ligas europeas –española, y al principio, alemana– a través del canal Tele Rebelde expuso a la audiencia cubana a un espectáculo de dimensión planetaria. Este acceso masivo a un producto de alta calidad técnica y competitiva generó un contraste insalvable con la oferta deportiva local, triste pero no por ello menos cierto.
Como afirmó el popular comentarista televisivo Renier González en entrevista para El País, la clave reside en una simple comparación:
"los jóvenes cubanos están viendo en la televisión el mejor fútbol del mundo, pero no el mejor béisbol del mundo."
Aunque claro, no es secreto para nadie que por razones extradeportivas el mejor béisbol del mundo nos es inaccesible.
La demanda popular por el balompié se hizo tan abrumadora que generó un descontento visible. Los foros de opinión de la televisión estatal se llenaron de críticas de televidentes frustrados por la suspensión de partidos de la Champions League –probablemente alguno este leyendo este trabajo– para transmitir otras disciplinas, lo que evidencia de forma clara la prioridad que la audiencia otorgaba ya al balompié.
La llegada de internet al país, aunque algo tarde y con limitantes, aceleró la penetración del fútbol de manera exponencial. El surgimiento de blogs especializados, canales de YouTube, y la proliferación de redes sociales crearon nuevos espacios para el debate y el consumo de información. 
El incremento de la pasión futbolera, impulsado por los medios trasciende lo meramente deportivo. Refleja profundas transformaciones sociales, generacionales e identitarias en una Cuba contemporánea. El impacto de este deporte en la sociedad es innegable.
El consumo de fútbol y sus productos asociados —camisetas, bufandas— se ha convertido en algo común, para algunos obligatorio. Además, portar una camiseta de Yamal o de Mbappe se convierte en una declaración de gustos particulares, la identidad cultural y personal. Como se aprecia en la vida cotidiana, los escudos de clubes europeos se han integrado visualmente en el paisaje urbano, adornando desde bicitaxis hasta bares y carritos de venta.
La pasión desbordante por el balompié europeo coexiste con un ecosistema futbolístico nacional deprimido, ignorado por esa misma afición. La liga cubana sufre de falta de profesionalismo, una competitividad casi nula y otros lamentos.  La mayoría de las figuras de la selección nacional se desempeñan en Costa Rica, y esto se refleja en el bajo ranking FIFA de los Leones del Caribe, donde ocupan el puesto 166 de 210.
Sin embargo, esta realidad institucional contrasta con una fiebre que infecta cada rincón del país. El fútbol se practica de manera informal en calles, plazas, parques… en fin, donde sea que ruede el balón.


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Adrian Ordoñez Díaz

Futuro periodista. Amante de la naturaleza, el deporte y Cuba


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