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martes, 26 de mayo de 2026

¿Seguridad vs. flores?

 Si quieres «ganarte» a tu mujer, pon atención a las incordias cotidianas del hogar...

Mileyda Menéndez Dávila
en Exclusivo 26/05/2026
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¿Seguridad vs. flores?
Es muy excitante un hombre que demuestra voluntad de ser útil en casa. (Jorge Sánchez Armas / Cubahora)

Alguien manda a mi wasap la sugerencia de un podcast sobre problemas de parejas. Husmeo un poco las entradas y una de ellas llama mi atención: las mujeres necesitan más seguridad y menos flores, asegura la especialista.

En principio entiendo su propuesta, pero mi espíritu de consumidora crítica me lleva a indagar en lo que está detrás: ¿Esa persona es alérgica al polen o está vendiendo seguros de vida? ¿La “seguridad” debe venir de la pareja? ¿De qué se compone? ¿Por qué verla en contraposición y no en adición?

En un par de minutos de escucha confirmo por donde viene el comentario: no vale de nada que hagas lindos regalos en días especiales (cumples, aniversarios, día de las madres o de disculpas, que son los más caros) si en la cotidianidad no estás al tanto de las necesidades de tu hogar y de los anhelos más profundos de tu compañera de vida, esos que tienen que ver con sus sueños, sus dones, su salud…

Y viceversa, obvio; pero ese rol está grabado (y gravado) en el imaginario público, casi indiscutido. Como que damos por sentada la existencia de un sistema femenino de adivinación constante sobre las obligaciones hacia los demás, incrustado en el par XX de nuestros cromosomas, listo para activarse con la voz de papá, el novio, el marido y hasta el vendedor de pan suave que pregona en la calle de atrás.

El podcast (y esta crónica) no va de ese “don” femenino, sino de su contraparte: la versión masculina del pulido de la relación conyugal, para la que hay más recetas que mosquitos en noches de apagón, y aun así buena parte de los divorcios arriban por descuidar esos detallitos.

El asunto es: ¿Son certeras esas recomendaciones? ¿Son universales? ¿Qué meta persiguen? ¿Funcionan cualquier día? ¿Cuánto dura su efecto? ¿Cuál es la dosificación adecuada?

Ni sueñen con que voy a dar un decálogo del buen marido halagador, porque no es mi intención. Es más: yo tampoco sé en cada minuto qué conducta sería más eficaz para mi querido gordi si pretendiera lograr algo de mí. (Cosa rara en él, ahora que lo pienso… ¿O será que sí me manipula y yo ni me doy cuenta? ¡Hmmm!).

Cada mujer y cada hogar son diferentes. En nuestro estado de ánimo influyen desde el ciclo lunar hasta las fluctuaciones del mercado de divisas, pero en algo debo darle la razón a un amigo muy práctico: nosotras lo queremos todo, o simplemente no queremos para nada. Y en ese “todo”, las flores y la seguridad son complementos, no caminos excluyentes.

Mejor lo dejamos claro de una vez: “seguridad” es esa sensación de contar con alguien que arrime el hombro cuando hace falta resolver incordias domésticas, y también que esté listo para soltar un poco los problemas y salir a caminar o gastar en cervezas y arrumacos por que sí, porque la vida es bella y no se sabe hasta cuándo disponemos de ella.

No se dejen aturdir: la clave de esa parrafada no es ser el más espléndido en gestionar recursos (que también hacen falta, señores, aterricen), sino mostrar disponibilidad en un tiempo prudencial y no dejar a la pareja ahogarse en incomodidades injustas hasta volverse cínica o amarga. ¡Y en eso tengo, tristemente, varios doctorados vencidos!

O sea, si debo escoger entre un ramo de flores o que mi hombre dedique media hora a cambiar zapatillas para no seguir con charquitos en el baño, mi elección debería ser obvia: ¡me encanta lo primero y necesito lo segundo!, ¿por qué excluir?

Ah, sobre todas las cosas, sería inmensamente feliz si no tuviera que pedir esa ayuda cinco veces por semana hasta que se resuelva, ¡dos años después!

¿Quieren ejemplos? Nah, si ustedes mismos tienen cerquita los propios, ya sea para bien o para mal. La esencia, el núcleo, el quid de esta cuestión, es que las mujeres odiamos la procrastinación masculina cuando se trata de tareas simples, pero valiosas para nuestro bienestar, y en cambio nos excitamos muchísimo cuando alguien nos demuestra afecto mediante un esfuerzo mental y corporal.

Por cierto, racionalmente entendemos que algunas tareas requieren herramientas, conocimientos y habilidades especiales, fuera del alcance de nuestros compañeros de cama, y pagar para que otros las hagan resuelve la molestia y también se agradece… pero el efecto erótico no será el mismo; así que dejen la pereza y agarren una brocha o un destornillador de vez en cuando por iniciativa propia, suden, pongan cara de genio y resuelvan la dificultad ¡Luego me lo agradecerán!


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Mileyda Menéndez Dávila

Fiel defensora del sexo con sentido...


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