Miro la pantalla por rutina. ¿Qué tal de orgasmos ;) ?. El mensaje me entró por SMS. A estas alturas, pocas cosas me sorprenden en materia de comunicación o sexualidad, pero esa ambigua pregunta llegaba de un remitente desconocido y no tenía forma de saber cuáles eran sus intenciones reales.
Como mi número es público para coordinar acciones de la plataforma Senti2Cuba y ofrecer consejería (52164148) no suelo bloquear a nadie, por muy raro que resulte su abordaje, a menos que sea muy obvio en sus pretensiones capciosas. Sólo respiro con calma y exploro, sin expectativas ni prejuicios.
La mayoría de las veces la gente me contacta por una angustia personal, un pedido de ayuda para alguien más o una invitación a talleres y charlas, y a todo eso respondo encantada. De vez en cuando alguien entra a mi privado para opinar sobre temas en debate en el grupo de wasapeo (¡esos pasivos que no se atreven a escribir abiertamente!) y no faltan quienes intentan sextear conmigo, pero ese pasatiempo no me anima ni con mi pareja, así que ni les respondo.
¿En qué grupo poner esta interrogante, mero sintagma sugerente, sin sujeto ni verbo ni propósito explícito ?
Luego de pensarlo mucho, opté por considerarla una propuesta de tema: me daba igual si venía de una mujer o de un hombre. De paso asumí que hablaba de orgasmos femeninos, así que doy mi opinión sobre ese asunto con franqueza y le pasaré el enlace, a ver si cae en el jamo y se vuelve fan del blog.
Primero, creo que es un mito eso de que a las mujeres nos da trabajo llegar al orgasmo: una situación estimulante, un tin de gel y unos dedos atrevidos logran una autosatisfacción espectacular. Claro, para eso tienes que amigarte con el clítoris, que pa eso diosito lo puso como boleto al cielo.
- Consulte además: Tarea pa la casa
A algunos médicos les encanta hablar de trastorno orgásmico femenino o anorgasmia, pero mi sexólogo favorito usa el término preorgasmia para asegurar que todas podemos llegar a la meta con el estímulo correcto. De hecho, lo demostró en un congreso con una meditación guiada taaan especial que casi todas las presentes nos volamos en pocos minutos.
O sea que, si no puedes, es porque algo no te funciona bien debido a traumas emocionales, limitaciones puritanas de la familia o demasiada dependencia a un sexo falocéntrico que resulta fatal. ¡¿Hasta cuando hay que pregonar que siete de cada diez mujeres no sienten naíta vagina adentro?!
Vencido el obstáculo, el paraíso está al alcance de tu mano (o la de él/ella y se vale usar lenguas u otros objetos divertidos). Si no, ve a consulta de ginecología y confirma si hay algo peculiar en tu caso y aprende a acomodarte a eso.
Si eres de las que se acerca, pero no llega, es que os falta insistencia. A lo mejor te pena tu demora y le cojes lástima a su mandíbula, ¡pero no!. Piensa que un partido de fútbol tiene dos partes de 40 minutos y ellos están todo el tiempo ahí, pendientes, gritando o con la quijada recia sin pestañear. ¡Cómo no va a esforzarse por darte un buen gol!
Si tu asunto es de dolor, puedes tener vaginismo o dispareunia. Eso sí lleva acompañamiento clínico y hasta sicológico, pero el pronóstico es bueno: La doctora Elvia de Dios y varias colegas son buenas en esos tratamientos, y en eventos muy serios han presentado resultados magníficos con ayuda de yoga, lubricantes, juguetes y hasta plátanos (en dibujos y como referentes simbólicos, mal pensadas pero sois libres de probar, siempre que los esterilicen, antes y después).
¿Algo más? ¡Ah, sí! Olvídense de la meta y dedíquense a disfrutar el camino, ¡y exíjanle lo mismo a su contraparte! La técnica es la técnica, ya sabemos, pero no es lo mismo noquear al rival que cosechar placeres a dos manos (o cuatro, que tú no eres manca).
Lo de la finjidera no es algo para vanagloriarse, pero tampoco para avergonzarse. En definitiva, se necesitan muchos partidos de entrenamiento antes de discutir una Copa… Y la verdad es que a veces es mera estrategia para acortar un encuentro poco eficiente, o para cuidar el ego de un macho más fugaz e impredecible que la Guiteras.
- Consulte además: Puesta en escena
Como sea, fingir también es tu derecho. Pero luego, a solas, no te olvides de patear el balón hasta mojar la cancha a puro penalti. Para que me entiendas: un calentón a medias no te matará, pero es un desperdicio. Como prender carbón con tremendísimo esfuerzo sólo para encender un efímero cigarro.

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