Desde los finales de los 60 del siglo pasado, la frase leninista de que al rasgar la piel de un extremista se descubre un oportunista, acentuó la parte negativa del que utiliza la necesidad ajena para sacar ventajas.
Tal concepto se ha arraigado tan fuerte que la palabra no es posible aplicarla en el contexto cubano a quien permanece atento en medio de la crisis a una ocasión favorable para resolver un problema cotidiano o ayudar a otros a encontrar alguna salida.
Hasta ahora, el oportunista es quien busca el bienestar propio en detrimento de otros, pero queda pendiente el calificativo del que está a la caza de oportunidades como el restablecimiento de la electricidad para resolver necesidades.
Por supuesto que no es pecado que alguien haya podido llegar antes que los demás a la cola y entonces tenga la oportunidad de obtener algo que quienes están al final de la fila no puedan comprar porque se agotó.
Con el rumbo que ha tenido el significado de la palabra oportunista, es hoy imposible usarlo para reconocer el ingenio y la mente siempre alerta de quienes buscan oportunidades para hallar soluciones a los tantos problemas presentes en todo.
El vocablo es de los que parecen traer el juicio incorporado, pues tan pronto se le aplica a alguien, suena a reproche, pero entonces, cómo llamar a quien permanece atento a una oportunidad para resolver una necesidad, sin engañar ni perjudicar a nadie.
No es lo mismo aprovechar una oportunidad que aprovecharse de los demás, esperar circunstancias favorables no merece, por sí solo, una condena, sino que el calificativo depende de los medios empleados y del daño provocado.
Por tanto, la palabra que se necesita hoy no es oportunista por su connotación negativa de aprovechar circunstancias sin importar principios ni convicciones y solo buscar el beneficio propio aunque cause grandes perjuicios al prójimo.
Parece imposible de lograr el uso de opciones más precisas como buscador de oportunidades, persona emprendedora, resolutiva/o resolutivo y aprovechadora de oportunidades, o “personas ingeniosas que buscan oportunidades”.
Aunque la palabra exacta no aparezca hoy, se requiere nombrar a quienes, en medio de la crisis, despliega una notable capacidad de adaptación, sin perseguir beneficios a costa de otros, sino oportunidades para asegurar el diario vivir.
Muchos cubanos han desarrollado un agudo sentido de la oportunidad para resolver los problemas del día a día, que incluso han incluido irse para EE. UU. que se ha estado llamando «la tierra de las oportunidades» o «el país de las oportunidades».
Esa expresión alude a la posibilidad de mejorar la vida y alcanzar prosperidad, y está asociada a la idea del sueño americano, calificativo que habrá que actualizar porque para muchos la política migratoria trumpista la está convirtiendo en el país de las pesadillas.

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